Liderazgo


07/04/2012

Estamos acostumbrados a que nos digan cómo se hacen las cosas, pero no aprendemos a hacerlas por nosotros mismos; esto es, no somos creativos sino que vamos a remolque de los demás. Y según funcione para los demás o no, entonces nos hace tomar una decisión en un sentido u otro. Pero no sabemos quedarnos con la decisión tomada, sino que variamos nuestras decisiones en función de lo podemos copiar del comportamiento de los demás. En otros términos, allanamos caminos trillados. Y si alguna vez encontrramos nuestro propio camino, lo primero que sentimos al respecto es miedo; y, la mayoría de las veces, desistimos hasta de nuestro propio camino.

¿Todo esto sirve de algo? Ni para bien ni para mal. Equilibio total: ¡Magnífico! Lo cierto de todo esto es que hay acontecimientos que no avisan su llegada, a los cuales no nos encontramos preparados. Y nos cogen así, en calzoncillos. Sin darnos tiempo para vestirnos ni mucho menos para salir y nos quedamos en el intento de hacer cosas nuestras que, en definitiva, resultan frustradas. Todo esto se da porque las cosas ya están planeadas y sólo descrubrimos lo creado. Por eso, sencillamente por eso, las arengas resultan inútiles. Ya no caben. Ya ahora entramos en una nueva era en la que somos nosotros los que valemos por nosotros mismos y no por lo que nos digan los demás respecto a lo que debemos o no hacer. Se acabaron ya todos estos sortilegios que solo han conseguido que nuestra vela sople según el viento de turno. Ahora sabemos que podemos ser el viento y que tenemos una razón de ser.

¡Desde el respeto hacia el respeto, un cordialísimo saludo para todos y para todas!

RICARDO MARÍN TÄLERO

Counseling

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